domingo 21 de junio de 2009

El Examen


Me encuentro en un consultorio medico acostado en una camilla con las piernas abiertas como si fuera una mujer esperando por un examen ginecológico, la diferencia es que yo no soy mujer y no estoy en el Ginecólogo, soy hombre y estoy en el urólogo. Estoy aquí para realizarme un examen que descarte en mi organismo el Virus del Papiloma Humano (VPH)y se preguntaran ustedes: "¿Por qué estas haciendo eso?", pero no tengo respuesta para esa pregunta pues yo también me lo estoy preguntando.

Quiero pensar que soy responsable, que ahora que estoy comprometido para casarme tengo que madurar definitivamente y comenzar a hacer las cosas bien. Si, es por eso que estoy aquí esperando al urólogo, para hacer las cosas bien. Claro, eso es.

-Pasa, quítate los zapatos, los pantalones y los interiores -dice la enfermera relamiéndose la lengua de una manera un poco erótica-. Ponte esta bata azul y espera que ya regreso.

Sale del consultorio y me deja solo. En ese tiempo que paso conmigo mismo trato de respirar hondo, me quito los zapatos, me quito los pantalones y los interiores (gracias a Dios no están rotos). Me pongo la bata y mi peludo trasero queda al aire, hace mucho frío y las bolitas (perdón, los testículos) se me congelan, el pipí (perdón el pene) se me pone chiquitico, baja de sus 30 centímetros (en reposo me mide 30 centímetros, erecto me mide 60) a unos pírricos 20 centímetros. Trato de cerrarme la bata con las manos para que la corriente de aire no me pegue tanto y paseo por el consultorio viendo los cuadros y las maneras de evitar un agrandamiento en la vejiga.

¿Sabían que hay un tratamiento para evitar el agrandamiento de la vejiga que consiste en introducir un tubo por el pene para drenar el liquido? Verga, en lo particular prefiero que la vejiga se me reviente a pasar por esa tortura.

Llega la enfermera con cara de gozona que me dio las anteriores indicaciones (quítate los zapatos, los pantalones y los interiores) y me dice que me acueste, que abra las piernas, que las coloque en unos soportes y que me relaje.

-Qué vergüenza esto -digo poniendo mi mejor sonrisa de guevon para que el momento sea menos incomodo.

-Si, es verdad -responde la enfermera-. Pero lo tienes bonito chico, tranquilo.

La enfermera se lava las manos, se coloca unos guantes de látex, toma una gasa, la llena de un liquido que me explica es una especie de ácido, luego me pela la banana (digo, arrima mi prepucio hacia atrás) y me amarra la venda con una liga, dice que hay que esperar varios minutos y se va.

Me deja tendido en la camilla pensando, intento no sufrir una erección pues me daría mucha vergüenza (ya saben que mi pene erecto llega a los 60 centímetros), así que me pongo a pensar en cosas triviales y sin sentido como por ejemplo las cuantas por pagar, el trabajo, el hacer mercado, en fin... menudencias.

Llega el urólogo, con la enfermera, se sienta cerca de mi pene de 15 centímetros. Me quita la gasa, acerca una lupa, observa todo cuidadosamente, habla con la enfermera, hace unos cuantos chistes tontos como para bajar la tensión, luego me dice que todo esta perfecto y que me va a tomar una muestra para examinarla.

¿Una muestra? ¿Para examinarla? ¿Qué coño?

No termino de entender que es lo que me ha dicho el medico cuando saca de una gaveta una inyectadora enorme, me pincha el pipí, guarda la muestra que me tomo en un tubo y luego me lo quema con un aparatico para que cicatrice súper rápido.

-Oye me has ayudado a estrenar este nuevo utensilio, tenía ganas de probarlo -me dice riéndose burlonomante.

El urólogo se va y me quedo yo con la enfermera y de repente entra otra enfermera al consultorio, yo sigo allí desnudo, ahora con mi pene pinchado y quemado, y las dos mujeres se ponen a hablar de los maridos y de los niños de cada una, mientras estoy yo allí acostado en la camilla con mi pipí de 15 centímetros al aire.

-Ya te puedes vestir -me dice la enfermera gozona aún relamiéndose la lengua de gusto y mirándome de arriba a bajo como deseando mi cuerpo-. Espérame en el pasillo.

Me visto raudo y veloz, no me duele el pipí gracias a Dios y salgo al pasillo.

Me entregan la muestra que tengo que llevar al laboratorio para que le hagan la biopsia, y cancelo el examen que fueron casi mil bolívares de los fuertes. Salgo del consultorio de mal humor y refunfuñando, mi único consuelo en este momento es que estoy seguro que cuando me toque hacerme el examen de la próstata ya la ciencia estará tan avanzada que todo será virtual, nada de introducir ningún dedo en mi ano virgen.

Nota: La caricatura que engalana a este post la conseguí poniendo "Caricatura de un pene" en Google, pertenece al bloggero JR Mora, su blog es http://www.jrmora.com/blog/ Todos sus derechos reservados.

7 comentarios:

Extranjera dijo...

Buena crónica. Me encanta porque eso es lo que pasamos las mujeres como tres veces al año. Es horrible. Que fuerte la enfermera!

Vanesa dijo...

Jajajaj Este es el estilo que me gusta...es actual, divertido, sincero...y de acuerdo con Extranjera ...la enfermera se las trae!..Me alegro que seas un hombre responsable..que no todo tenga que hacerlo la mujer...Un Beso y Felicidades!

LJT dijo...

Jajajajajajjajajajaja eres un Valiente Bro....ajajaja

J.L. dijo...

Buenisima!! Me he reido bastante, me gustan este tipo de narraciones autobiograficas!!! Un saludo SuperPicha!!

Mariale divagando dijo...

Si ustedes tuvieran que ir al urologo con la frecuencia que nosotras vamos al ginecólogo...

PALANAKALI dijo...

Muy interesante tu relato, me gusto bastante, felicitaciones, por alli van los tiros con respecto a tu estilo... por otro lado desde hace 10 años se puede hacer el examen de prostata por medio de una muestra de sangre... si no me equivoco es la prueba del antigeno prostatico

Andres dijo...

hahahah no es nada normal ir al urologo hahaha y ya hacn un examen para ver la prostata pero aun no es 100% so aun seguimos con el mismo metodo solo tienes q relajarte no es nada del otro mundo plus para ellos no es nada nuevo xD hahaha me rei mucho con tu post